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🇨🇺 CUBA: MÁS DE SEIS DÉCADAS DE AGUANTE… ¿Y EL MUNDO HACIÉNDOSE EL CHIVO LOCO?


Por: Juan Manuel Moreno 


Hay preguntas que se quedan dando vueltas en la cabeza como un mosquito en una noche de apagón. Tú intentas dormir, te tapas, te destapas, le tiras un manotazo… y el condenado sigue ahí, zumbando en tu oído.


Con Cuba pasa algo parecido.


¿Cómo es posible que un régimen lleve más de seis décadas gobernando sin alternancia política, mientras millones de cubanos siguen esperando que la libertad, la prosperidad y los derechos dejen de ser promesas de discursos interminables?


Y aquí viene la pregunta del millón: ¿dónde está el mundo cuando el pueblo cubano necesita algo más que declaraciones diplomáticas y fotografías de apretones de manos?


Porque, vamos a hablar claro, mi gente: para condenar ciertas injusticias sobran micrófonos, comunicados y conferencias de prensa. Pero cuando se trata de Cuba, muchas veces la indignación internacional parece tener horario de oficina, vacaciones pagadas y un jefe que nunca autoriza las horas extras.


🌎 Mucha diplomacia, pero ¿y los principios?


La mayoría de los países mantiene relaciones diplomáticas con La Habana, comercia con Cuba o participa en distintos espacios de cooperación internacional. Y no, establecer relaciones con un Estado no significa necesariamente respaldar a su Gobierno. La diplomacia también sirve para negociar, proteger ciudadanos, facilitar acuerdos y mantener canales de comunicación.


Pero la pregunta incómoda sigue en pie: ¿hasta dónde puede llegar la diplomacia sin convertirse en una cómoda excusa para mirar hacia otro lado?


Porque una cosa es reconocer la soberanía de un país y otra muy distinta es guardar silencio ante las denuncias de represión, las restricciones a las libertades fundamentales y la falta de competencia política plural.


La soberanía pertenece al país; no debería funcionar como un escudo personal para ningún Gobierno.


Y mientras los diplomáticos entran y salen de sus embajadas, mientras se firman acuerdos y se estrechan manos, el cubano de a pie sigue haciendo malabares para poner la comida en la mesa, conseguir medicamentos y sobrevivir a una cotidianidad donde hasta resolver lo más elemental puede convertirse en una misión de película.


¡Asere, hay gente que necesita un plan económico y termina necesitando un milagro!


🤝 ¿Y por qué el mundo no hace más?


La respuesta no cabe en una consigna ni se resuelve señalando a un solo culpable.


Hay intereses económicos, cálculos geopolíticos, alianzas históricas, diferencias ideológicas y Gobiernos que prefieren preservar sus relaciones antes que asumir el costo de una confrontación diplomática. También existen países y organizaciones que defienden el diálogo, la cooperación o el levantamiento de determinadas sanciones, argumentando que el aislamiento puede perjudicar todavía más a la población.


Todo eso forma parte de una realidad internacional compleja.


Pero complejidad no significa que debamos aceptar la indiferencia como si fuera una ley de la naturaleza.


Si los derechos humanos son universales, no pueden depender del color político del Gobierno que los vulnera. Si la libertad de expresión es un principio democrático, no puede defenderse con entusiasmo en un país y olvidarse en otro porque existen intereses comerciales de por medio.


Los derechos humanos no deberían tener precio, bandera ni militancia política.


Y aquí es donde la doble moral merece una buena descarga, sin anestesia y con el humor criollo que nos queda, porque si algo ha demostrado el cubano es que hasta para burlarse de sus desgracias encuentra imaginación.


🇨🇺 El cubano no es un número en una estadística


Detrás de cada informe hay personas. Detrás de cada cifra hay familias. Detrás de cada emigrante hay una historia, una despedida y, muchas veces, una madre que se queda mirando el teléfono esperando una llamada.


Hay jóvenes que no ven futuro en su propia tierra. Hay familias separadas por la emigración. Hay ciudadanos que reclaman cambios, otros que prefieren callar por temor a las consecuencias y muchos que sencillamente están demasiado ocupados buscando qué poner en la olla como para participar en grandes debates políticos.


Y mientras tanto, el discurso oficial insiste en explicar las dificultades apelando al enemigo externo, las sanciones y las agresiones históricas. Esos factores forman parte del contexto cubano y sus efectos deben analizarse con seriedad. Pero tampoco pueden convertirse en una respuesta automática para cada problema interno ni borrar la responsabilidad de quienes toman las decisiones desde el poder.


Porque, compay, si llevas más de seis décadas administrando una nación, ya no puedes pasarte la vida echándole la culpa al vecino por las goteras de tu propia casa.


La historia, las sanciones y los conflictos internacionales pueden explicar parte de la realidad. No eliminan la obligación de rendir cuentas, garantizar derechos y permitir que los ciudadanos decidan libremente su futuro.


🎭 El gran teatro de la política internacional


En el escenario mundial, Cuba también se ha convertido en símbolo, argumento y bandera. Para unos, representa resistencia frente a la presión estadounidense; para otros, es el ejemplo de un sistema que ha restringido las libertades políticas y no ha conseguido ofrecer a su población la prosperidad prometida.


Pero hay algo que no debería perderse entre consignas y discursos: el pueblo cubano no es propiedad de ninguna ideología ni debería ser rehén de las conveniencias de nadie.


Ni las simpatías políticas justifican ignorar los abusos, ni la condena al Gobierno debería servir para deshumanizar a los ciudadanos que viven dentro de la isla.


El cubano merece algo más que convertirse en argumento para una disputa internacional. Merece derechos, oportunidades, instituciones que rindan cuentas y la posibilidad de escoger su camino sin miedo.


Y si el mundo quiere demostrar que sus principios son algo más que palabras bonitas para los discursos, tiene muchas maneras de hacerlo: exigir respeto a los derechos humanos, apoyar a la sociedad civil independiente, defender la libertad de expresión, reclamar garantías para quienes disienten y mantener una cooperación que beneficie directamente a la población.


No se trata necesariamente de cerrar embajadas, romper todo vínculo o castigar a quienes ya cargan con demasiadas dificultades. Se trata de que el diálogo no sea sinónimo de silencio y de que la cooperación no implique renunciar a los principios.


❓ La pregunta que CubaHoy deja sobre la mesa


¿Por qué la comunidad internacional puede mantener relaciones normales con el Gobierno cubano mientras tantos ciudadanos siguen reclamando libertades, oportunidades y cambios políticos?


¿Hasta qué punto pesan los intereses económicos y geopolíticos cuando llega la hora de defender los derechos humanos?


¿Y qué responsabilidad tienen los Gobiernos extranjeros cuando prefieren la comodidad de la diplomacia tradicional antes que una defensa más firme y coherente de las libertades fundamentales?


No esperamos que el mundo resuelva por los cubanos lo que corresponde decidir a los cubanos. Pero tampoco creemos que la soberanía deba utilizarse como una cortina para ocultar lo que sucede detrás de ella.


Porque una cosa es respetar a Cuba como nación y otra muy distinta es confundir ese respeto con una carta blanca para quienes gobiernan.


Y mientras unos calculan votos, contratos, alianzas y beneficios, el cubano sigue inventando, resolviendo, emigrando, protestando o resistiendo como puede.


Aquí, donde el ingenio popular convierte una carencia en un chiste y un apagón en una conversación de barrio, todavía queda una pregunta que no se apaga:


¿Cuántas décadas más tendrá que esperar el pueblo cubano para que su libertad deje de ser un asunto secundario en la agenda del mundo?


En CubaHoy creemos que esa pregunta merece algo más que un comunicado diplomático.


Merece una respuesta.


¿Y tú qué piensas? ¿El mundo está defendiendo sus intereses legítimos o ha terminado normalizando una realidad que debería cuestionar con mucha más firmeza?


Te leemos en los comentarios. Debate con argumentos, sin miedo y sin faltarle el respeto a nadie.


CubaHoy: porque contar lo que muchos prefieren no discutir también es hacer periodismo.



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