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¿INDIVIDUO, MASA O PERSONA Y CIUDADANO?
Por Dagoberto Valdés Hernández
Lunes, 21 de septiembre de 2026.
Algunos lectores se sorprendieron, o directamente criticaron, en mi columna del lunes pasado, el uso del adjetivo “personalista” para caracterizar a una nueva Constitución para la nueva República de Cuba. Agradezco siempre todos sus comentarios que me ayudan a mejorar. Ojalá puedas llegar al final de esta columna aclaratoria.
Entre las opiniones recibidas estaba la que nos preguntaba: ¿Cómo Convivencia iba a proponer una Constitución personalista cuando con frecuencia “personalista” se entiende por individualista, egocentrista, exceso de protagonismo, caudillista? Argumentaban que eso sería una negación del espíritu y la filosofía del Centro de Estudios Convivencia, cuyo nombre es ya un programa de vida en comunidad.
Quisiera dedicar esta columna a tratar de esclarecer algunos términos. Vale decir, distinguir sus contenidos para identificar sus significados y poder usarlos teniendo conocimiento de lo que queremos decir. También para contribuir a la educación cívica de las nuevas generaciones que tanta falta nos hace a todos.
Distingamos: individuo, masa, persona, ciudadano y nación.
1. Individuo
Es la categoría múltiple (lógica, biológica, psicológica, sociológica) que expresa en la lengua latina lo que expresaba, en una concepción ya superada, la palabra “átomo” en griego: una unidad indivisible. De ahí: individuo. El individuo indica, por una parte, su vecindad con “género y especie” en el orden lógico, y por la otra, un carácter de “unidad visible” que remite a la “unicidad” como algo específico, insustituible. En el orden social, asumido sobre todo por el pensamiento y estructuración liberales de la sociedad, se convierte en paradigma de valor asociado con la libertad como irreductible y por ello paradigmático, si bien es una unidad aislada. Es el equivalente a una “mónada”, según la concepción del filósofo alemán del siglo XVII, Gottfried Leibniz quien definió las mónadas como los elementos últimos del universo, indivisibles y dotados de fuerza activa. Que “no tienen puertas ni ventanas por donde pueda entrar o salir” algo; las mónadas son completamente independientes y cerradas en sí mismas. No interactúan de forma causal entre ellas y cada mónada refleja el universo entero desde su propio punto de vista.
Segun la lógica de la mónada de Leibniz, un individuo es un ser cerrado en sí mismo, sin salir de su propio punto de vista, ni dejar entrar otras perspectivas. De ahí su proximidad con el “individualismo” porque desconoce la intersubjetividad, al no poseer subjetividad, sino, paradójicamente, ser “uno más en un conjunto”, designando al número de la agrupación masiva, amorfa, inconsciente, manipulable, de la “sociedad de masas” o del “universo totalitario”.
El individualismo es la dinámica de la atomización de la sociedad en un “sálvese el que pueda”. Sobre esta base filosófica individualista no quisiera que se adoptara una nueva Constitución para Cuba.
2. Masa
El concepto de masa y el fenómeno de la masificación, se producen cuando los seres humanos se despersonalizan, se amalgaman, son convertidos en piezas de un mecanismo, sin criterio propio, sin libertad de discernimiento ni de decisión responsable. La masificación diluye al ser humano en un conjunto sin rostro, sin libertad personal y lo coloca a merced de un Estado, de un Partido o de una ideología. La despersonalización y la masificación son el caldo de cultivo, el rebaño, por el cual se puede imponer y mantener el totalitarismo.
Sobre esta base filosófica masificadora y totalitaria no quisiera que se adoptara una nueva Constitución para Cuba.
3. Persona
Es una categoría “antropológica”, en buena medida opuesta a las anteriores, debido a sus características de: conciencia, voluntad y relación. Ejemplificadas por su:
a) subjetividad: un ser humano que es consciente de su ser y responsabilidad, que es un agente lúcido de su acción como proyecto.
b) su intersubjetividad: su salida de sí hacia los otros que se hacen y hacemos “prójimos” (próximos), capacidad de acogida, de interrelación y de trascendencia, por las cuales se “realiza” y crea obras en colaboración con otros. Todo eso dota a la persona de una dignidad intrínseca, no conferida por ninguna instancia exterior; irrenunciable, inalienable. Se “es” persona antes, al margen y como origen, de su “obrar y hacer”.
Precisamente por ese “misterio de creatividad” de la historia y del lenguaje, el concepto de “persona” que hace siglos significaba la “inautenticidad”, (porque el origen de la palabra persona era la máscara del personaje en el teatro) se convierte, en buena medida por el uso cristiano aplicado a la persona de Cristo, en un concepto que resume toda la potencia de autenticidad y valor, gracias a los atributos de toda persona: “conciencia de sí, voluntad libre, capacidad de encuentro creativo, donación servicial”. La persona humana representa, por antonomasia, el “sujeto consciente, libre, responsable”, solidario, que vive en comunidad, que forma la nación, que vive en relación, que forma parte de un tejido de convivencia y desempeño social conservando y creciendo en identidad histórico-cultural.
La diferencia entre individuo y persona es que el primero está encerrado en su egoísmo, aislado en un proyecto sin puertas y ventanas, creyendo que el mundo termina justo frente a sus pies. Y la persona, en cambio, es un ser en sí mismo y en relación con los demás, con el mundo y con Dios. La persona crece, se desarrolla y disfruta cuando se abre a esas tres trascendencias sin perder, ni diluir su propia identidad irrepetible que siempre puede ir más allá porque su mundo se ensancha cuanto más se relaciona y se entrega libre y voluntariamente. Ser individuo es una forma de vivir autolimitado por el egocentrismo. Ser persona es un yo abierto a la alteridad. Ser persona es la forma plena de nuestra humanidad. Por tanto, no se debe confundir el ser personalista con el promover un protagonismo excesivo y caudillista. Ser personalista es reconocer, promover y defender el total desarrollo de nuestra humanidad personal y social. Ser personalista es ser humanista en su más alto grado buscando la dignidad plena del hombre, todos sus derechos y el bien común que no es más que el conjunto de condiciones políticas, económicas, sociales y culturales que garantizan que cada persona pueda ejercer sus derechos y llegar a su plenitud personal. No hay que confundir el bien común ni con socialismo, ni con comunismo, ni con ninguna ideología. El bien común es para la persona, está al servicio de la persona, lo que equivale a decir que es también para la comunidad si entendemos bien la dimensión social de toda persona.
Yo quisiera que una nueva Constitución para Cuba tuviera como filosofía e inspiración ese escalón más alto, más pleno, más incluyente, capaz de alcanzar el mayor consenso, que es una Constitución personalista. Digo de mayor consenso porque concibe a la República (res-publica=cosa pública) unida y consensuada sobre el pivote de la dignidad y los derechos de toda persona humana, consenso imposible de lograr por la individualista competencia propia del mercado, ni por el autoritarismo masificador propio del Estado, ni por la hegemonía de una ideología, modelo económico o religión, que intente excluir a las demás. La persona humana es el punto de encuentro y consenso más alto, incluyente y libre. Nada edifica más consenso que la dignidad y los derechos humanos.
4. Ciudadano
Por último, es también necesario y oportuno distinguir la categoría de ciudadano.
Ciudadano es una persona que asume su responsabilidad cívica, que ejerce conscientemente sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y que pone en práctica cotidiana la soberanía ciudadana que le es reconocida en sistemas democráticos. Ser ciudadano es un concepto “político”, enraizado en la tradición de la dignidad propia de la “urbe romana”, aunque su ejercicio fundamental reside en la Modernidad liberal democrática. Modernamente no hay sociedad política que respete la “dignidad personal” y “sentido del bien común” en libertad, justicia y solidaridad, sin respeto y promoción de la ciudadanía, como protagonismo y autonomía de la persona.
Todo esto respetando la natural jerarquía antropológica:
– Se es criatura con dignidad personal.
– Se vive en comunidad de semejantes (personas).
– Se con-vive con personas que tienen derechos y deberes en una comunidad de ciudadanos.
– A la comunidad de ciudadanos la llamamos: nación.
5. Nación
Debemos también distinguir nación y pueblo. Nación es, como dijimos, la comunidad de las personas que ejercen libre y conscientemente su ciudadanía en los ámbitos personal y social. El concepto de pueblo ha sido más manipulado, más mal interpretado, muchas veces tratándolo como masa, o hablando en su nombre sin mandato expresado en elecciones libres. Espero que nación y pueblo puedan rescatar un día su sentido primigenio y soberano por mandato de sus propios ciudadanos.
Llegar a ser y a ejercer como ciudadano es alcanzar un alto grado de plenitud como persona en su dimensión social.
Ojalá, querido lector, que hayas podido llegar hasta el final de esta columna y que te haya podido servir para aclarar, aprender, distinguir y vivir tu condición de persona y de ciudadano.
Solo así podremos llegar a formar una nación libre, responsable y abierta, capaz de darse a sí misma una nueva y eficaz Constitución de la República cuyo espíritu, letra y filosofía, se fundamente y edifiquen en la garantía de la dignidad plena de la persona humana.
Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.
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Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
🖼️ Imagen CEC

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