#CubaHoy
INSUFICIENTES, INSEGURAS Y TARDÍAS
Por Dagoberto Valdés Hernández
Lunes, 22 de junio de 2026
El Comité Central del Partido Comunista y la Asamblea Nacional de Cuba aprobaron, la semana pasada, 176 reformas económicas con el alegado propósito de sacar al país de la crisis sistémica, estructural y terminal en la que el mismo régimen ha sumido a la nación durante más de seis décadas. Porque este naufragio total no puede ser de hace un año para acá.
Los reiterados experimentos con seres humanos para inventar un “frankestein” para reflotar un sistema socialista que, por naturaleza, es y será infuncional, centralizado e ineficiente, demuestran el tiempo perdido entre dependencias de subsidios extranjeros, supuestas rectificaciones, lineamientos y ordenamientos, todos para mantener el poder. He aquí un brevísimo resumen de esta historia de 67 años en Cuba. Lo que es no puede cambiar para ser otra cosa manteniendo su esencia.
Ahora, cuando la historia toca a su fin, en lugar de abrirse a los cambios estructurales y sistémicos: políticos, económicos y sociales, únicos que resolverán esta crisis invivible, pues no, la tozudez del poder irreformable vuelve a provocar el ilusionismo, engañoso y manipulador, de que se puede reformar la economía sin cambios políticos y jurídicos en la esencia y profundidad de todo el sistema.
Por suerte, y como muestra de que el pueblo cubano ya ha aprendido, a golpe de experiencia vivida, en su gran mayoría, casi nadie se ha tragado esta nueva compra de tiempo y de humo.
Esta nueva “movida” inmovilista, o mejor, este nuevo “cambio” gatopardista, con ribetes de anquilosada novedad; en fin, este paquete de continuidad con rostro capitalista y cabeza oligárquica; al cabo, estas reformas mesiánicas que llegan para “salvarlo todo” son, en tres palabras: insuficientes, inseguras y tardías.
Insuficientes
Porque no abarcan un verdadero cambio estructural. Porque en su reforma parcial radica su peor pronóstico. Porque no toca para nada el carácter hegemónico del poder constitucional de un solo partido sobre la voluntad soberana del ciudadano e incluso sobre el Estado. Son insuficientes porque es del todo imposible un cambio de sistema económico sin un cambio del mismo calado en el sistema político. En esto radica la manquedad de estas reformas.
Inseguras
Porque no tienen un respaldo jurídico ni constitucional, ni orgánico, ni estructural, ni específico. Y construir ese andamiaje jurídico lleva un tiempo que ya no hay. Lleva una reforma constitucional que elimine el poder hegemónico de una élite partidista. Que el nuevo texto constitucional facilite y garantice un nuevo y auténtico cambio estructural y no permita echar para atrás estas reformas en algún momento en que una ligera estabilidad y mejoría material, indiquen el momento de “reafirmar el carácter socialista de estas medidas”.
En fin, son inseguras porque son reversibles. Son inseguras porque al no existir la división e independencia de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, ninguna ley emergente puede dar seguridad porque el ejecutivo y el judicial es el mismo ente que el legislativo. Así de claro lo establece la actual Constitución, la actual legislación y el reciente proceder que dejó patente que, antes y por encima de la Asamblea legislativa, se necesitó la aprobación de las reformas por el Comité Central del Partido Comunista.
La inseguridad no viene principalmente de las leyes, viene del sistema político. Las leyes, incluso, pueden “atemperarse” hasta que el sistema sienta que la “temperatura” volvió a su nivel y decida la “restauración” del “antiguo régimen”. Todo sea por mantener el poder.
Tardías
Por último, pero no menos importante, estas reformas, insuficientes e inseguras, llegan demasiado tarde. Las retardaron los mismos que esperaban un nuevo “subsidio salvador” de los aliados de este sistema, como pasó con Venezuela después de la caída de la Unión Soviética y el llamado “campo socialista”. No llegó. No llegó Rusia, no llegó China, no llegó Irán. Ni llegarán. Por tanto, ya es demasiado tarde.
Pero, sobre todo, es demasiado tarde por esta razón fundamental y decisiva: el pueblo cubano, en su mayoría comprobable, ha perdido la confianza y la esperanza en que, los mismos que provocaron esta crisis y han alargado esta agonía, sean los mismos que tengan voluntad y capacidad para hacer los cambios estructurales y sistémicos sin los cuales Cuba no se salvará.
Es muy común y frecuente caminar por nuestras calles en Cuba y escuchar estas sabias y adoloridas preguntas:
• ¿Esas 176 reformas eliminarán los terribles apagones en un plazo que podamos aguantar?
• ¿Esas reformas traerán pronto el agua potable y con qué cocinar en nuestros hogares?
• ¿Esas reformas le devolverán el valor a nuestro peso cubano y a nuestros salarios y jubilaciones en un plazo que podamos aguantar?
• ¿Esas reformas traerán la comida, los medicamentos y los recursos hospitalarios que necesitamos con urgencia?
• ¿Esas reformas lograrán limpiar nuestras ciudades de las montañas de basura podrida que afectan nuestra salud y convivencia?
Otras muchas preguntas nos hacemos los cubanos todos los días de esta agónica existencia.
Ya es demasiado tarde. El tiempo se acabó después de 67 años. Y ya no hay forma de comprar tiempo a cambio de humo.
Cuba necesita respirar y los cubanos podemos y sabemos cómo alcanzar el aire renovador de la libertad, la democracia y el progreso.
Yo tengo cada vez más esperanza realista y más confianza en el talento, las capacidades y la virtud de los cubanos.
Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.
(Ilustración de Ángel el Nómada)

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