#CubaHoyVoces 

Por: Amado Batista 

Trump y la geopolítica del poder: Cuba y Venezuela como piezas de un tablero mayor


La narrativa oficial del régimen cubano insiste en negar cualquier tipo de diálogo con Washington, mientras que el presidente Donald Trump afirma que sí existen conversaciones en curso. Medios independientes y redes sociales han señalado que dichas negociaciones se estarían llevando a cabo en México, con la participación de Alejandro Castro Espín —hijo del anciano líder Raúl Castro— y un alto funcionario de la CIA. Aunque la veracidad de estas informaciones no puede confirmarse plenamente, lo cierto es que el contexto regional y global apunta a un patrón claro: Estados Unidos no negocia por altruismo ni por la libertad de los pueblos, sino por intereses estratégicos de poder y control.


Venezuela: laboratorio de la estrategia

En la nación andina, Washington ha logrado avances sustanciales. La anulación de envíos de petróleo hacia Cuba debilitó a La Habana, mientras que las empresas chinas y rusas en suelo venezolano enfrentan un riesgo real de expulsión. Estados Unidos no solo ha asumido el control político, sino que comienza a dominar la economía venezolana. Sin embargo, la pregunta que queda en el aire es: ¿qué ocurre con los presos políticos y con la oposición interna? La represión chavista continúa, y los acuerdos económicos parecen tener más prioridad que la democratización real del país.


Irán: presión sin liberación

En Medio Oriente, la estrategia se repite con matices. La presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico busca disuadir al régimen teocrático iraní, pero las exigencias de Washington se centran en objetivos geopolíticos: detener el programa nuclear, garantizar la paz con Israel, cortar vínculos con Hamás y Hezbolá, y romper la alianza con China y Rusia. Mientras tanto, más de 40,000 muertos en las protestas internas muestran que la libertad del pueblo iraní no es el eje de la política norteamericana. La prioridad es contener amenazas estratégicas, no apoyar una transición democrática.


Cuba: el próximo escenario

Si se confirman las negociaciones entre Washington y La Habana, el guion parece previsible. Raúl Castro y su círculo cercano podrían recibir algún tipo de amnistía, entregando un “culpable” simbólico para satisfacer la narrativa de justicia. Otro miembro del aparato castrista asumiría el mando, garantizando continuidad en el control interno. Estados Unidos, por su parte, desplazaría a Rusia y China, tomando el liderazgo económico y político de la isla. Las empresas europeas, que durante décadas han tenido protagonismo en Cuba, quedarían relegadas. Para el pueblo cubano, las mejoras serían mínimas: tímidos avances económicos necesarios para sostener la inversión extranjera, pero sin derechos ni libertades, replicando modelos autoritarios de desarrollo como el chino o el vietnamita.


La verdadera intención

El patrón es claro: Trump no busca liberar pueblos, sino reposicionar a Estados Unidos como potencia dominante en regiones clave. Venezuela, Irán y Cuba son piezas de un tablero donde lo que importa es:

- Control de recursos estratégicos: petróleo, níquel, cobalto, biodiversidad y potencial energético.

- Desplazamiento de rivales geopolíticos: Rusia, China e Irán.

- Reconfiguración de alianzas: asegurar la hegemonía estadounidense en América Latina y Medio Oriente.


La libertad y la democracia aparecen como discursos legitimadores, pero no como objetivos centrales. Lo que se negocia es poder, influencia y mercados. Para los pueblos, la consecuencia inmediata es la frustración: mejoras económicas superficiales sin cambios estructurales en derechos humanos ni participación política.



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