ENEC: MEMORIA DEL PASADO E INSPIRACIÓN PARA EL FUTURO DE CUBA Y SU IGLESIA
Por Dagoberto Valdés Hernández
Lunes, 16 de febrero de 2026
Mañana se cumplirán 40 años del mayor acontecimiento que ha vivido la Iglesia en Cuba, junto con las visitas de los Papas.
Del 17 al 25 de febrero de 1986, se celebró en la Iglesia de Santa Catalina de La Habana el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). Este congreso fue precedido por un proceso preparatorio que, sin duda, garantizó la calidad de los contenidos, la dinámica del desarrollo y el espíritu fraterno de comunión y activa participación: fue la Reflexión Eclesial Cubana (REC). Esta reflexión abarcó la historia de la Iglesia en Cuba, la vida de las comunidades cristianas desde las más pequeñas hasta las diócesis, y la proyección futura del estilo de Iglesia que queríamos vivir.
Considero que la REC y el ENEC han sido los dos momentos más significativos y fecundos de reflexión, conversión y edificación de la Iglesia en Cuba durante el siglo XX. Por eso el Cardenal, hoy Beato, Eduardo Pironio, que presidió el evento en nombre del Papa San Juan Pablo II como Legado Pontificio, haciendo las conclusiones de las sesiones de trabajo, expresó emocionado: “La REC y el ENEC han sido un nuevo Pentecostés para Cuba”.
La REC que fue el camino inseparable del ENEC, ha sido el más grande testimonio y la más profunda vivencia de una Iglesia participativa y corresponsable. Fue, además, una vivencia adelantada y profética, un signo extraordinario de sinodalidad verdadera en plena comunión eclesial.
El estilo, la dinámica y el ambiente participativo y corresponsable de la REC y el ENEC no solo pueden servir para la renovación de la Iglesia en Cuba sino que pueden ser semilla, luz y fermento de participación democrática, de corresponsabilidad cívica y de convivencia pacífica para preparar el futuro de toda la sociedad cubana.
El Documento Final, que también fue fruto de un Documento de Consulta, resultado a su vez de los aportes de todas las comunidades católicas de Cuba, propuso unos retos que hoy todavía constituyen desafíos para la Iglesia cubana:
– Una Iglesia que sale del testimonio callado al profetismo encarnado.
– Que sale de sus pequeñas comunidades a la misión. Y que desea que esa misión vaya más allá de lo cultual y caritativo y llegue a la evangelización de la cultura; es decir, que nuestras acciones misioneras tengan como tarea y contenido aquello que el Papa San Pablo VI expresó tan claramente en su Exhortación Apostólica _Evangelii nuntiandi:_ “Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación” (E.N. No. 19).
– Una Iglesia que acompañe su encarnación, su profetismo y su misión con la oración comprometida y perseverante.
Todo el contenido del Documento Final del ENEC podría resumirse así:
En memoria comprometida con nuestra historia eclesial y sus enseñanzas, recogiendo las mociones del Espíritu Santo venidas desde las comunidades más pequeñas recogidas en las encuestas y los aportes, y después de una reflexión teológica pastoral, la Iglesia en Cuba se propone evangelizar la cultura para edificar la Civilización del Amor, siendo una Iglesia encarnada y profética, orante y misionera, participativa y corresponsable, unida en la diversidad, con una pastoral de conjunto.
Personalmente, doy gracias a Dios por haberme permitido participar activamente, a mis 30 años de edad, en este profundo movimiento eclesial, en los siguientes servicios:
1.En la organización de la REC en la Iglesia de Pinar del Río.
2.Formar parte de la Comisión Central preparatoria del ENEC como delegado por mi diócesis.
3.Ser parte de la Presidencia colegiada del ENEC formada por el Legado Pontificio, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, el P. Bruno Rocaro, por los sacerdotes, Sor Dolores Pérez, por las religiosas, y un servidor en representación de todos los laicos. A mis 70 años de edad soy el único sobreviviente de esta presidencia, 40 años después.
4.Haber sido elegido para hacer y pronunciar el discurso de homenaje al Padre Félix Varela en la peregrinación de los participantes del ENEC al Aula Magna de la Universidad de La Habana donde “descansan y convocan” los restos del que José Martí llamó “el santo cubano”.
5.Haber escrito el borrador del Capítulo de “Fe y Cultura” del Documento Final, que fue aprobado por el ENEC con muy pocas modificaciones.
Cuba se acerca a un cambio de época, entre la incertidumbre y la esperanza, los cristianos queremos ser parte de este proceso de transformaciones estructurales profundas.
Creo que esto supone unos desafíos enormes para la Iglesia Católica en Cuba. Por ello, sería bueno seguir lo aprendido en la REC y en el ENEC pero actualizándolo a los tiempos presentes y venideros, buscando entre todos:
1.La verdad histórica y las lecciones de la historia reciente.
2.Una consulta a nuestras actuales comunidades a través de una buena encuesta sobre su estado, necesidades y expectativas.
3.Una reflexión a la luz de la Palabra y el Magisterio, especialmente de la Doctrina Social de la Iglesia.
¿Cuál sería el aporte de la Iglesia a la nueva sociedad en cuanto a la transmisión del Evangelio, a la sanación del daño antropológico, al desarrollo humano integral y al cultivo de una sana y fuerte espiritualidad encarnada, profética, misionera y creativa?
4.¿Cómo llevar a cabo una evangelización de la cultura: criterios, formas de pensar, proyectos de vida, cultivo de valores como el perdón, la magnanimidad, la reconciliación, el amor… en las condiciones de una transición hacia una sociedad libre y democrática?
Que la celebración de los 40 años del primer ENEC no se quede en una memoria agradecida del pasado, ni en un lamento del presente, sino que sea un estímulo y una inspiración para mirar y trabajar por prever, sanar y edificar un futuro en el que vivan unidos en un mismo corazón el amor a Cristo, a Cuba y a la Iglesia.
Amor liberador, sanador y generador de un futuro sano, próspero, creyente y feliz.
Un segundo ENEC, preparado desde ahora por una REC, podría servir para que la Iglesia en Cuba llegue a tiempo a nuestro futuro ya próximo.
Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.
https://centroconvivencia.org/enec-memoria-del-pasado-e-inspiracion-para-el-futuro-de-cuba-y-su-iglesia/
Imagen Centro de Convivencia

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