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"El crimen de Hermanos al Rescate y la impunidad del régimen cubano".

Desde la Redacción #CubaHoy

I. El contexto del crimen

El 24 de febrero de 1996, en aguas internacionales del estrecho de la Florida, dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate fueron derribadas por cazas MiG-29 de la Fuerza Aérea de Cuba. A bordo viajaban cuatro activistas de derechos humanos —Armando Alejandre Jr., Carlos Costa, Mario de la Peña y Pablo Morales— cuya misión era localizar y auxiliar a balseros cubanos que arriesgaban sus vidas en frágiles embarcaciones para escapar de la isla. Ninguno sobrevivió. Sus cuerpos jamás fueron recuperados.


El ataque fue un acto deliberado, ejecutado con misiles aire-aire contra aeronaves civiles desarmadas, en un espacio donde la ley internacional debía garantizar seguridad. La justificación oficial del régimen fue una supuesta “violación del espacio aéreo cubano”, argumento desmentido por las coordenadas del derribo y por las investigaciones internacionales.


II. La dimensión del crimen

Este hecho no fue un accidente ni un exceso militar: constituyó un asesinato a sangre fría. Se trató de un crimen de Estado, planificado y autorizado desde las más altas esferas del poder en La Habana. La operación fue concebida como un mensaje de terror hacia el exilio y hacia cualquier intento de solidaridad con los cubanos que huían de la isla. La dictadura convirtió la ayuda humanitaria en un blanco militar.


El derribo de Hermanos al Rescate se inscribe en la larga tradición represiva del régimen cubano: criminalizar la disidencia, perseguir la solidaridad y castigar la esperanza. Fue, además, un ataque contra la comunidad internacional, pues se trataba de aeronaves civiles estadounidenses en misión humanitaria.


III. Treinta años de impunidad

Han pasado tres décadas y los responsables directos e indirectos siguen libres. Ni los pilotos militares que dispararon los misiles ni los altos mandos que ordenaron la operación han enfrentado justicia. Raúl Castro, entonces Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, ha sido señalado como uno de los principales responsables. En 2026, congresistas cubanoamericanos y la administración Trump reactivaron la exigencia de encausarlo, pero hasta hoy no se ha concretado ningún proceso judicial efectivo.


Mientras tanto, las familias de las víctimas y todo el exilio cubano siguen llorando la pérdida de sus seres queridos. La herida permanece abierta, no solo por el dolor, sino por la ausencia de justicia. La impunidad es, en sí misma, una prolongación del crimen.


IV. Significado histórico

El derribo de Hermanos al Rescate simboliza la esencia del régimen cubano: un poder dispuesto a matar para sostenerse, incluso en escenarios donde la humanidad debería prevalecer. Fue un crimen contra la solidaridad, contra la libertad y contra la dignidad humana. Treinta años después, se convierte en un recordatorio de que la dictadura no solo oprime dentro de la isla, sino que extiende su violencia más allá de sus fronteras.


Este episodio también marcó un punto de inflexión en la relación entre Cuba y el exilio. El mensaje fue claro: la dictadura no tolera gestos de humanidad hacia quienes escapan de su control. Sin embargo, lejos de intimidar, el crimen fortaleció la memoria colectiva del exilio y consolidó la denuncia internacional contra el régimen.


V. Conclusión

El derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate es uno de los crímenes más despreciables de la dictadura cubana. Treinta años después, la falta de justicia revela la complicidad de la comunidad internacional y la persistencia de un sistema que se sostiene en la impunidad. Recordar este hecho no es solo un ejercicio de memoria histórica: es un acto de resistencia. Cada aniversario nos recuerda que mientras los verdugos sigan libres, la lucha por la verdad y la justicia continúa.



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