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🕯️ La impunidad no es eterna: Cuba y la memoria de los pueblos
Desde la redacción de #CubaHoy
La impunidad no es eterna. Los crímenes no prescriben en la memoria de los pueblos.
Estas palabras no son solo un recordatorio: son una advertencia. En Cuba, la dictadura ha convertido la represión en política de Estado, y la discriminación en norma cotidiana. Quienes hoy miran hacia otro lado, financian, justifican o blanquean un genocidio silencioso contra su propio pueblo, mañana tendrán que rendir cuentas.
Un poder que se erige sobre la violencia
El régimen cubano ha perfeccionado una postura agresiva y autoritaria que se manifiesta en múltiples dimensiones:
Represión política: encarcelamiento de opositores, activistas y periodistas independientes, bajo cargos fabricados y juicios sumarios.
Discriminación social: marginación de quienes no se alinean con la ideología oficial, negándoles acceso a empleo, educación o servicios básicos.
Control absoluto: vigilancia permanente, censura digital y persecución de cualquier voz crítica.
La violencia no es un accidente, es el método. La dictadura se sostiene sobre el miedo y la exclusión.
El máximo violador de sus propias leyes
Paradójicamente, el régimen que se proclama defensor de la soberanía y la justicia es el primero en violar su propia Constitución.
Derechos fundamentales como la libertad de expresión, asociación y manifestación, reconocidos en el texto constitucional, son sistemáticamente anulados en la práctica.
El principio de igualdad es traicionado por un sistema que discrimina a los ciudadanos según su postura política.
La legalidad se convierte en un instrumento de represión: leyes ambiguas y arbitrarias que legitiman la persecución y criminalizan la disidencia.
El Estado cubano no solo incumple los tratados internacionales de derechos humanos, sino que se burla de su propio marco legal, demostrando que la “Constitución” es apenas un decorado para justificar el poder absoluto.
La memoria como resistencia
Los pueblos no olvidan. La represión deja cicatrices, pero también memoria colectiva. Cada preso político, cada familia separada por el exilio, cada voz silenciada, se convierte en testimonio de un crimen que no prescribe.
La dictadura apuesta al desgaste, a la resignación y al silencio. Sin embargo, la memoria es más fuerte: es archivo, es denuncia, es resistencia. Y será también la base de la justicia futura.
Rendición de cuentas
Quienes hoy colaboran con el régimen ya sea por conveniencia económica, complicidad ideológica o indiferencia deben saber que la historia no absuelve a los cómplices. La impunidad no es eterna. Los crímenes contra un pueblo no se borran con propaganda ni con pactos internacionales.
La justicia llegará, porque la memoria de los pueblos es implacable. Y Cuba, tarde o temprano, será testigo de ese juicio.
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